II – Paseo de Jane – Lavapiés: Arrancar las raíces del barrio.
El barrio de Lavapiés uno de los más antiguos de Madrid, fue el punto de partida del Paseo de Jane. El CSO (centro social okupado) Cambalache, un antiguo edificio donde finaliza el Rastro abrió sus puertas a los primeros paseantes. Antigua corrala con fachada señorial nos muestra un mundo nuevo y social al pasar por el sagúan. La conexión de escaleras y pasillos de distintas construcciones le dan un aire a los viejos conventillos del Barrio Sur en Montevideo. Es como sentirse de nuevo en casa, con las paredes dando cuenta de los años y los habitáculos con objetos personales aún inmóviles, nos abren una puerta a la historia cotidiana de la vecindad antigua.
De un nuevo Centro social okupado nos fuimos a uno anterior con inexistente estructura. El Labo estaba en lo que hoy es el Parque Casino de la Reina, en el centro de Lavapiés, una de las primeras okupaciones políticas con mayor visibilidad en Madrid. Carlos y Jabuti, nos guiaron por las paredes invisibles del Labo 1, edificio que albergaba un Laboratorio químico anteriormente. Delinearon en el aire la fachada, los espacios y el perímetro que ocupaba el centro. Hoy el Parque Casino de la Reina, con su aparcamiento debajo y varias reformas donde se han cambiado de un lugar a otro los juegos infantiles, no deja ni rastro de aquel edificio más que la memoria de los vecinos que lo muestran. Seguimos hacia el Labo 2 limítrofe con la Plaza Cabestreros, el que más colectivos sociales originó. Una vez desalojado se intentó okupar en varias ocasiones, hasta que la Administración colgó el Cartel con el siguiente mensaje: “Este edificio ha sido desalojado por orden de la Autoridad Judicial. Se prohíbe la entrada a cualquier ajeno” ¿Ajenos? ¿Las personas vecinas del barrio?
¿Las plazas y los árboles de Lavapiés dónde están? Una vecina del barrio se acerca con su perro cuando el grupo del Paseo de Jane llega a la Plaza Cabestreros: “Era verde, este parque era verde con grandes árboles.“ Lo que se extraña de Cabestreros son sus árboles, como dijo la vecina. Durante tres años viví al lado de esa plaza y pasar por allí en verano era como ir de excursión por el desierto. Además los árboles fomentaban la vida social debajo de ellos: los niños jugando entre los troncos, los mayores descansando bajo la sombra, y los jóvenes leyendo o hablando en rueda. Todo eso desapareció cuando el subsuelo comenzó a adquirir valor. Los coches como menciona en sus ensayos Jane Jacobs son uno de los factores que pone en jaque a la sociedad con planes urbanistas visionados para que las aceras estén vacías. Se desplaza a la gente para dar lugar a los coches. Es lo que pasó en Cabestreros y otras, el subsuelo de cada plaza se hizo estacionamiento. Según Carlos “Los árboles tienen obsolescencia programada y cuando las raíces crecen provocan grietas en el techo del aparcamiento, por ello los árboles nunca alcanzarán más de tres metros de alto.
El Paseo se detuvo en la fachada de la Tabacalera, el lugar que albergó a las mujeres que trabajaron durante siglos elaborando perfectos tabacos con sus manos pequeñas. Los andamios que esconden la vista del edificio se pagan, la Administración los paga. Haciendo cálculos la “reforma termina saliendo más en cuenta que el alquiler de esa estructura”, nos comenta Mónica, el porqué de una fachada tan bonita tapada. Los abandonos de la Administración, son medidos y razonados. Según Mónica el tapizado de andamios es una solución desde las administraciones que sólo permite ver la posible reestructuración pero sin que se haga absolutamente nada. “Vale menos dinero rehabilitar los edificios que poner andamios y pagar a una empresa”. Si se calcula el dinero que se gasta por mes de alquiler de andamio durante los años que está en la Tabacalera sacaremos como balance que hubiera salido menos si se planteaba una reconstrucción desde el inicio.
La Tabacalera, tuvo origen en una huerta de Clérigos. Mónica nos cuenta que escuchó una leyenda de cómo había surgido la Tabacalera. En un inicio aquella manzana que ocupa hoy en día el edificio de la Tabacalera era un Huerto de Clérigos donde se hacían los mercados de barrio. Allí debido al interés económico de la zona deciden construir una de las fábricas reales, se crea así la Fábrica de aguardiente en la revolución industrial, siglo dieciocho. La situación cambió con las tropas de Napoleón. Los soldados que andaban por la zona compraban tabacos a las mujeres, cigarreras clandestinas de la zona que hacían los tabacos de muy buena calidad. La Aristocracia ni corta ni perezosa vio el negocio decidiendo hacer unos talleres de experimentación para las futuras trabajadoras. Al cabo de un tiempo se refundó la Fábrica con otra finalidad (o vicio) la fabricación de tabacos. La Tabacalera es un icono de Lavapiés y su historia, símbolo de la red de vecinas que fomentan la economía local.
El Mercado de San Fernando es otro de los sitios que cuando el Paseo acudió el año pasado los comerciantes eran pocos, el espacio presentaba la misma sensación de abandono que cuando se entró en la antigua Fábrica de Tabacos en 2010. Durante un año los participantes del grupo de la Tabacalera, el lugar que durante siglos movió la economía de Lavapiés, volcaron todos sus esfuerzos en hacer un relevo generacional en el cercano Mercado de Abastos del barrio. Alquilando los puestos con propuestas diferentes: Libros al peso, Comida vegetariana para llevar, Creaciones recicladas, Frutas y verduras ecológicas, etc, se creó un mercado que difiere de las propuestas más turísticas en el cambio de Mercados de Abasto. Cuando en otros lo que se vende es para un público selecto y de un alto poder adquisitivo, el Mercado de San Fernando continúa manteniéndose a la vanguardia con propuestas diferentes sí pero para abastecer a todo público tenga mucho o poco dinero. Un mercado y la mitad de una antigua Fábrica de Tabacos fueron recuperados del abandono por la comunidad de vecinos.
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