Hace dos semanas empezamos a trabajar la obra “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, para poner en escena un nuevo Radioteatro en Transyster. Al igual que la otra vez con la obra de ficción de H.G. Wells en “La Guerra de los Mundos”, el guión colaborativo y manipulado dio como resultado “La Re-Reconquista”, que poco tiene que ver al original de extraterrestres que hacen estallar el mundo.

La obra elegida Fahrenheit 451, fue llevada al cine por François Truffaut, en el 66. Como versa tanto en la película como en la entrada del libro “temperatura a la que el papel de los libros se enciende y arde…” Cuándo pedí prestado el libro por Twitter muchas personas al mensaje: “Alguien me puede prestar el libro Fahrenheit 451, es para un experimento” pensaron que probaría a la temperatura que arde. Pero no, mi objetivo no es censurar el libro sino transformarlo en otra obra metafórica para radio que hable de otro tipo de censura.

Le conté la idea a mi padre ayer por la noche, a sabiendas de que las obras de Bradbury son unas de sus preferidas. Mi sorpresa fue cuando me dijo donde la había leído. Mi padre preso político en la Dictadura Uruguaya entre los años 1974 a diciembre de 1977, en el Penal de Punta Carretas, leyó por primera vez Fahrenheit en su celda.

  • ¿Cómo leíste una obra que habla de la censura en el Penal? – por dentro pensé locura.
  • Por qué no? – dice tan normal.
  • No sé, es contradictorio. ¿No? ¿No censuraban los libros que hablaban de censura?
  • No, ni sabían de qué eran. El milico del sello censurador sólo veía el título y por eso lo pasaba o no por la censura. No era difícil adivinar, qué si una visita traía un libro con la tapa y encuadernación cambiada por otro, el libro pasaba directo a la Biblioteca del Penal. El libro de Fahrenheit estaba revestido por una encuadernación de una de las revistas más reaccionarias de Estados Unidos Reader’s Digest. Y así había varios: “El Capital” de Marx, las obras completas de Lenin, etc. Los libros que en nuestras casas quemaban y por lo que nos apresaban luego, pasaban sin problema por la censura en el mismo Penal. Incluso una vez se hizo conocido un milico censurador, por su ignorancia. Una visita paso un libro que en la tapa decía el título real del contenido “Así se forjo el acero” una novela de la URSS con propaganda soviética. El milico censurador dijo: “esto deben ser estudios de metalurgia”, le puso el sello de la censura y ocupó un lugar en las estanterías de la Biblioteca del Penal.

La revista a la que hace mención mi padre “Reader’s Digest”, según la Wikipedia tiene una tendencia ideológica moderadamente conservadora. Pero le presta una especial atención a los asuntos familiares y religiosos, pasando también por un espíritu claramente anticomunista.

Incluso la misma historia que aparece en el libro y las filtraciones que puede haber en los controles censuradores, son capaces de ser humorísticos y contradictorios. El censurador abrió con su ignorancia una brecha para el conocimiento en el Penal, espero que con las nuevas leyes, esa brecha se cree nuevamente liberando el contenido cultural e histórico a las mentes.

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