No sé por donde empezar a ser yo” Es una reflexión que hace años escuché en repetidas ocasiones en las voces de muchas personas que son hijas de padres o madres que sufrieron las represalias de la última Dictadura militar de Uruguay.

La clave para conocerse más se encuentra en el pasado, en el proceso vivido desde la infancia hasta la madurez. El conjunto de experiencias hace a las personas. En las familias judías, gallegas o italianas migradas a Uruguay, en ese orden de nombres que se mezclan religiones, provincias y países, la memoria histórica siempre está presente. El pasado acude a una ronda de mate, tejiendo con las abuelas, celebrando un bar mitzva, cocinando con la Nona, sembrando una huerta comunitaria en el fondo de la casa, charlando con las amigas de la infancia, y siempre se toca el tema del pasado colectivo en este “rinconcito” de mundo donde nacimos. Uruguay es y será un paisaje constructivista en mi imaginación, un lugar de lugares que se encajan en un tetris de memoria y donde el mapa es otro muy distinto a la proyección de Mercator. Es como un donde los lugares son personas y el paisaje son los hechos que vivieron.

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Uruguay está desaparecido de los titulares eurocéntricos, tiene una forma singular de cambiar la historia. Hace 2 años, es presidente un guerrillero anterior al Golpe Militar en el año 73, que habla como vive y vive como habla. Todas las personas le llaman por su apodo de las épocas como Tupamaro activo: “el Pepe”. Durante 11 años estuvo encerrado en un aljibe al igual que otros rehenes Tupamaros, humanos que como moneda de cambio usaron los militares para ponerse las medallas del control ciudadano. El Pepe preso político es ahora Presidente. Las elecciones del 2009 estuvieron marcadas por los candidatos más insólitos para la Democracia Uruguaya. En la primera vuelta de las elecciones los votos se repartieron entre: Pepe Mujica, ex-preso político por el Frente Amplio; Luis Alberto Lacalle, ex-presidente por el Partido Blanco; Pablo Mieres por el Partido Independiente; Raúl Rodríguez da Silva por la Asamblea Popular y el hijo del Dictador de los primeros años de Dictadura: Pedro Bordaberry por el Partido Colorado. Una contienda difícil y que el pueblo uruguayo sello con una respuesta masiva encima de un 52 % en la segunda vuelta a favor del Pepe.

En el año 2002, a un paso de entrar en la recesión económica, me hicieron un encargo para uno de los trabajos de clase: “Entrevista a un político”. Al decir político, pensé quien quería que recibiese mis primeras preguntas como periodista novata. Llegué a casa y estuve dos horas llamando al Parlamento para que me atendieran en el despacho del Diputado. Cuando pasé por fin el circuito de funcionarios preguntándome que quería, una especie de pequeño filtro telefónico de seguridad, conseguí hablar con su secretaria. El “no” lo tenía seguro. Tímida, pregunté si el Diputado me podía conceder una entrevista.

  • Claro, venite nomás. El martes a las 11 de la mañana, es el hueco que le queda. ¿Te anoto?

Me apuntó en la agenda del Diputado. El martes vino pronto y allá me fui con mi batería de preguntas en el bolsillo. El desconocimiento me hizo ir directamente al Parlamento, con su arquitectura de Partenón griego. Subí las escalinatas y cuando llegué a la entrada me paró el guardia preguntándome para dónde iba. Mi ilusión rodó por cada escalón hasta la rotonda que circunvala el edificio majestuoso del Parlamento.

  • No, eso es en el Anexo. – me dice el guardia, señalándome un edificio soso y moderno.
  • ¿Anexo?
  • Si, el Edificio del Anexo.

El Parlamento es un gran documento y tiene Anexos con más información: los despachos de las personas que discuten las leyes tienen un apartado para acomodar sus ideas.

Desde que mí pie tocó la acera empecé a correr. De reojo, vi no tan lejos un hombre que también se acercaba a la puerta con ritmo pausado y tranquilo. Llegamos al mismo tiempo y en un gesto amable, me abrió la puerta con seguridad. “Gracias” le dije. Y entramos juntos.

  • ¿Pa’ dónde vas tan apurada m’hija? – me hizo escucharlo de forma diferente, cercana.

Le conté a dónde iba y me contestó con un movimiento sereno de cabeza. Sus ojos me miraban con dulzura y siguió andando conmigo.

  • Vamo’ p’al mismo lao. Dale que te oriento dónde esta.

Subimos juntos, pero nos quedamos en silencio. Llegamos a la puerta del Despacho y se despidió.

  • Nos vemos, m’hija.
  • Nos vemos, Pepe.

Sí, ese era Pepe que iba a su despacho. En Montevideo cada dos por tres al caminar por el centro una se puede encontrar a representantes políticos, por el camino, pero la accesibilidad para hablar con esas personas depende de la disposición de escucha que tengan, aunque también mucho varia según el partido en el que estén agrupadas. Encontrar al Pepe antes de que fuera electo presidente era algo común, algo que ni siquiera se comentaba.

Pepe me dejó estacionada como su Vespa en la puerta del Despacho de Raúl Fernando Sendic, Diputado en aquel momento por el Partido 26 de Marzo, a quien iba a realizarle la entrevista. Raúl es hijo de aquél Raúl, el compañero en la agrupación Tupamaros del Pepe. Raúl, hijo de una Dictadura que lo maltrató en segundo grado. Un terrorismo de Estado que dejó víctimas de primer, segundo y tercer orden. Las familias de Uruguay dejaron de ser familias para convertirse en sobrevivientes buscando las huellas de los integrantes perdidos.

Samuel Blixen, periodista, del Semanario Uruguayo Brecha, ex-preso también, realizó la investigación sobre la “Operación Cóndor” que desveló muchas de las explicaciones de por qué Uruguay, un país tranquilo y de carácter comunitario, fue un campo de violencia armada hacia la ciudadanía. En su libro “Plan Cóndor”, explica la importancia de encontrar estas respuestas en el pasado:

En realidad la historia del Cóndor, es una historia latinoamericana y no creo que solo con la verdad estaremos deteniendo su repetición. La verdad no alcanza; para que esto no se repita hay que castigar a los culpables, que vayan a prisión. Por eso es tan importante este combate, para que se acabe la impunidad, para el nunca más”.

Me presentaron a Raúl, joven, con 16 años mayor que yo. Su semblante taciturno pero transparente, con una mirada firme me miró como un niño. Me dio un beso y nos pusimos a hablar, porque la entrevista fue un diálogo. Estaba nerviosa, mis preguntas y sus respuestas tomaron otro rumbo, a partir del momento que me quedé viendo el gran cuadro que tenía de su padre. Ese cuadro en la misma ubicación que aquí en España pondrían el cuadro del Rey Juan Carlos. Allí Raúl tenía a Raúl, su padre, para todas las personas que entráramos en el Despacho pudiéramos ver los ojos de Sendic en el retrato y los de Sendic, hijo mirándonos. Lo que me quedo en la memoria de esa entrevista fue:

  • A todos nos condiciona la historia que vivimos o vivió nuestra familia, y por eso luchamos de diferentes formas.

Fin de la entrevista, no me acuerdo de más, como si todo hubiese sido un abrazo, unas miradas, un abrirme la puerta y un saludo. No quedó sólo eso, sino algo que no se ve ni se toca: la conexión. El punto en el que las personas se reconocen nacidas en un pasado común, es una situación difícil de describir, porque es una sensación, comprensión de situaciones, sensible ante la experiencia familiar que el que esta enfrente vivió. Es como un impacto, un encuentro de realidades paralelas que se descubren similares o solidarias con lo sucedido después de pasado el tiempo y volviendo la mirada atrás.

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Hablaban el mismo lenguaje clandestino y lo reproducían a su manera”

Ana María Pérez

Para descubrir lo que se esconde cuando se es niña o niños es necesario recordar pero en nuestra memoria adulta no podemos volver a recordar lo que sentimos y vivimos con la misma mirada. Esa explicación la pueden dar las maestras o las madres que nos vieron crecer, y ellas pueden aportar piezas en los mapas de nuestra memoria. Ana María Pérez, maestra en la Dictadura, sumariada en los últimos años, con un hermano preso durante 13 años y una hermana exiliada en Suecia, me cuenta por qué al ejercer su docencia de una forma muy cercana a la comunicación y el entendimiento con la población infantil la apartaron de su cargo en preescolares.

  • Trabajar en la Escuela en esos tiempos era difícil. No podíamos relacionarnos entre maestros en el recreo, no se podía hablar con otro compañero. La comunicación con los padres tampoco era fluida, todo lo contrario. A mi me sumariaron por dos cosas: una fue por contestar el mensaje “Las órdenes no se discuten, se acatan” de la Directora en el Cuaderno de comunicados de los maestros con “Estoy en una escuela no en un cuartel”. Y la segunda fue porque participé como Delegada del Frente Amplio en las últimas elecciones en Democracia. Por esto me pusieron “Carencias morales que la inhiben para la función pública especialmente para la docencia”.

Con su hablar pausado, para Ana María lo más valioso de su trabajo como maestra era estar cerca de las niñas y niños. Cree firmemente que tenían una forma de comunicar y entender lo que estaban viviendo junto a sus padres. Continúa contándome a través de la línea telefónica distendidamente:

  • La educación era informativa y desformaba. Si hablamos de formar, era formar un modelo que solamente aceptaba. El infante es una cosa tan especial, que por más que quisiera la Institución Escuela oprimirlos, no podía. Tuve niños que sus padres estaban detenidos en el Penal de Libertad. Para mi era muy difícil tratar de obviar todo esto. En muchos de ellos veías que cuando te hablaban de la familia y todo lo demás se guardaban o no te decían que estaban pasando cosas con sus papas y mamas; no te lo decían, pero había como una miradita especial cuando se hablaba de esos temas. Me acuerdo de una chiquita que tuve, Payma de apellido, el papá estaba en el penal. Un día se me acercó despacito y me dice al oído: “Maestra yo sé que vos tenes un hermano que esta como mi papá, pero también sé que no te puedo preguntar nada, porque sino no vas a trabajar más acá y yo quiero que tu sigas trabajando acá.” Era aquella complicidad que había a nivel de niños que sabían que estaba pasando algo que no sabían qué era a nivel familiar y que te apoyaban a su manera.

Ese miedo dentro de la niña se replicó en toda las personas menores de 10 años, un miedo invisible que a partir de la Democracia se hace necesario reconvertir y procesar. Ana María lo describe:

  • El miedo fue muy grande, lo que supieron hacer mejor fue crear el miedo. Nos toco vivir algo feo. Pero tenemos que recuperar esas generaciones que fueron oprimidas y realmente tratar de cambiar las cosas.

Ana aprendió a hablar el mismo idioma de niños y niñas que vivieron la Dictadura con otros ojos. Pero ella no tuvo descendencia, las hijas de Ana estuvieron en su salón de clase en la Escuela y escuchó con un oído adaptado a ese código de comunicación infantil. Ana es Tía, de las Tías y Tíos que nacieron en la Dictadura.

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Mientras recopilaba la información para está crónica recordé súbitamente al “Negro” Viñas. El Negro, argentino, ladrón de Bancos, fue a parar por el destino a Uruguay a la misma cárcel que estuvieron tanto el “Pepe”, como Raúl Sendic. En la cárcel que ahora es un shopping y al cual dejaron las oficinas, pasó de preso común como ladrón a preso político porque su relación con los políticos fue desarrollándose en una eterna amistad. La cárcel transformada en un shopping fue reconstruida de tal modo que dejaron la parte por donde entraba la gente, y borraron el rastro edilicio por el cual la gente salía y se quedaba por años o nunca más salió. ¿Dónde está la salida de la Dictadura para las personas?

Comenzaron de nuevo a transcurrir mis años detrás de las rejas. Mi celda daba sobre la calle Ellauri. Una vez, después de mucho tiempo, vi varios niños – los niños me gustan mucho- jugando en el jardín de una casa que quedaba justo frente a mi calabozo, cruzando la calle. Esa escena comenzó a repetirse a diario. Con otros compañeros, que también divisaban la cosa, nos dimos cuenta de que una mujer los cuidada. En un primer momento pensábamos que eran todos hijos de ella y la bautizamos como “La Coneja”. Pero lo que pasaba era que allí funcionaba una guardería y ella era la maestra” (…)

Dada la zona en la que vivía y las características de la casa, estábamos convencidos de que era una tremenda burguesa. Nos quedamos con la boca abierta cuando vimos que un día se juntó gente en la puerta de la casa con banderas del PC y de la Democracia Avanzada. Por su parte, ella, esas navidades, nos mandó un pan dulce. Después, me fue a ver. Peleó por mi libertad y por la de todos los presos sociales. El 21 de mayo del 85 salí, como quien dice fui el tupamaro que apagó la luz. “La Coneja” me estaba esperando. “La Coneja” se llama Nelly Ruffo y ahora es mi compañera”.

Semanario Brecha Sección “La Lupa”,

Montevideo del 16 de mayo de 1986.

Antes de hacerle la entrevista a Raúl Sendic, fui al boliche del “Negro”, este quedaba frente al Penal de Punta Carretas. Recientemente habían tirado abajo la cárcel y se rediseñó ni bien cayeron esos muros. Al ingresar al pequeño recinto del boliche descubrí que las paredes se llenaron de memoria. Y el Negro me llevó a la barra y me mostró una cerradura.

  • Esta es la cerradura de mi calabozo. Mi cerradura impedí que me la pasaran por arriba, “esta me la quedo yo” le dije a los que demolían. – me hace un guiño y me dice – De esta, la llave sólo la tengo yo.

Al morirse el Negro hace unos años, me dieron este recorte de periódico donde figura el artículo completo de esta cita, una nueva pieza para mi memoria constructivista: la historia del Negro contada en el Semanario Brecha dos años después de la entrada a la Democracia.

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Cuando ganó el “Pepe” en el año 2009, seguí el proceso a través de streaming y llamadas. En Uruguay las elecciones son todo un acontecimiento social, donde toda la población demanda encuestas a boca de urnas, aporta sus transportes para llevar a votar a la gente que no puede y además se hacen tres referendum por año para decidir si las leyes se aprueban o no. En ese contexto de una ciudadanía politizada y activa a nivel democrático, “Pepe” contra todo pronostico ganó, sucediendo en el cargo a Tabaré. ¡Qué diferencia! Allá a los presidentes, si son de izquierdas se los nombra por el nombre de pila o el apodo, si son de derechas por el apellido que indica su posición en la sociedad proveniente de familias acaudaladas o intelectuales. Acá en España se nombra con apellido: Zapatero, Rajoy, Llamazares, Cospedal, Aguirre. ¿Será que aquí también se siguen las dinastías por familias y posiciones?

Uruguay inició su proceso por la memoria histórica poco después de la entrada a la Democracia. Ese proceso tenía muchas patas, tantas como las víctimas de terrorismo de Estado. Se inició un poco antes de la presidencia de Tabaré, cuando el Presidente del Partido Colorado, Jorge Batlle Ibáñez, constituyó en el año 2000 la Comisión para la Paz. Este paso fue uno de los más importantes, sin embargo, los integrantes de esa Comisión – desde el punto de vista de las víctimas- dejaban mucho que desear. Por ejemplo, la participación del Arzobispo de Montevideo, al encontrarnos en un Estado aconfesional y laico. Pero fue un paso, y posteriormente en las presidencias de Tabaré y Pepe se avanzaría más sobre la reparación a las víctimas y la construcción de la memoria histórica.

Una de las líneas de trabajo en el campo de la reparación era el tema de HIJOS, en los casos de hijos e hijas de desaparecidos. Si bien los niños, que al igual que los adultos, también fueron durante un buen tiempo desaparecidos hasta que fueron encontrados por las Abuelas. La denominación HIJOS, no incluye de forma global a todos los hijos de la Dictadura.

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El aspecto sicológico de las víctimas de terrorismo de Estado no es algo nuevo, sin embargo, la dirección que ha tomado la reparación de las víctimas en el terreno de la salud se ha enfocado en el tratamiento a las víctimas directas y no a las indirectas como son las hijas e hijos. En el año 2006 se llevo a cabo el primer encuentro “Políticas Públicas por la Memoria: Diálogo Estado-Sociedad”. En ese encuentro pude hablar con mucha gente que entrevisté durante los últimos años sobre el tema de la Memoria. Allí me presentaron a Adriana Vaselli, que forma parte del Centro de Documentación de SERSOC (Servicio de Rehabilitación Social). Es una ONG que trabaja por los Derechos Humanos desde1984, como un proyecto solidario de un grupo de profesionales provenientes de distintas disciplinas y dirigido a dar asistencia a las víctimas. El trabajo lo realizan en el campo de la atención psiquiátrica-psicológica y social.

Adriana, exiliada en Costa Rica, retornada en Democracia, me habló sobre lo necesario que era la reparación de la salud psicológica de las víctimas. Quedamos para el siguiente día para que pudiera conocer la oficina donde realizaban la atención. La oficina de SERSOC, en la esquina de la Plaza Independencia, el eje neurálgico de Montevideo, junto a la puerta de entrada de lo que antaño era la Ciudadela. Era chiquita, con olor a humedad, como todo piso o casa en Montevideo por su cercanía con la costa. Había dos habitaciones frente a la sala donde nos sentamos en un sofá viejo. En ese espacio Adriana me comentó que no muchas personas hijas de ex-presos o ex-presas, venían a hacer consultas, pero me mencionó con una veta de esperanza la consulta de algunas:

  • Les llamamos secuelas transgeneracionales, son las que afectan a integrantes de segunda y tercera generación. Algunos se acercan. Pocos, pero se acercan. En alguna consulta se los ha atendido y es porque el horror de lo vivido por sus padres o por ellos mismos vuelve, pero esto no es algo identificado sino que vuelve en forma de depresión, ataques de pánico, fobias, adicciones, somatizaciones importantes o episodios delirantes. En algunos casos que se le ha dado seguimiento presentan experiencias traumáticas con una sobreadaptación o pseudo madurez y un nivel de exigencia altísimo, donde asumen tempranamente roles adultos. Se pueden dar en muchos casos un alto nivel de escepticismo y desinterés por la política institucional ya que nacieron y crecieron en un contexto de terrorismo y con una expectativa de justicia en relación a lo sucedido que todavía no se concretó.

Esa fue la última vez que toqué el tema de las Hijas de la Dictadura.

Hace un mes fui a Uruguay y me encontré con todos los procesos sociales que ha iniciado el “Pepe”, aquel que me abrió la puerta al Parlamento y me guió hasta el hijo de su compañero Sendic. Descubrí que la figura política del momento y la que se esta perfilando como candidato a Presidente del Frente Amplio para las próximas elecciones es Raúl, joven aún para ser Presidente. Los modelos del viejo círculo que se establecen en todas las disciplinas en Uruguay, ¿entenderán la necesidad de este relevo generacional? De un Presidente ex-preso al hijo de un ex-preso, es un nuevo estilo de transición democrática, un entendimiento de la historia y un reconocimiento por parte de la sociedad hacía las víctimas. Raúl tiene el peso del pasado y la sensibilidad de quienes vieron el sufrimiento de los seres queridos tras las rejas y a donde todavía se dan pasos a favor de la justicia. Raúl hijo, quien sobre sus pensamientos revolotea Raúl Sendic, con el valor de su palabra del reparto igualitario de derechos en lo rural y en la ciudad. Raúl hijo, tiene otra mirada, vista con ojos de niño de un tiempo oscuro y conoce lo más profundo del dolor en Uruguay.

Andrea Kropman

2 Responses to Relevo generacional

  1. lucenae dice:

    Muy bueno el blog, aporto la reflexion de un argentino exiliado que el “espejo retrovisor” es importante pero es aconsejable conducir mirando hacia adelante.

    • admin dice:

      Gracias por la aportación, que comparto. En temas de memoria es muy importante mirar adelante pero con un buen background del pasado, sino la historia y la vida es insostenible.

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